Volver a lo básico resulta esencial en las crisis

Volver a lo básico resulta esencial en las crisis

Gran parte de mi vida viví mirando el Volcán Barú en el paisaje de nuestra provincia. Siempre imponente. Lo observaba desde  mi casa, de día y de noche. Era imposible no desear conquistar su cima. Es curioso que nunca me atreviera a hacerlo, advertían que era muy peligroso y no habían muchos guías. De repente hubo una época donde floreció el ecoturismo y se encontraban disponibles guías para alcanzar la cima.

Por 20 años me proponía cada inicio de año subirlo, pero después lo olvidaba. Fue hace solo 6 años que resolví conseguir un guía y subirlo de noche para al llegar al amanecer tener la fortuna de contemplar el amanecer viendo el mar atlántico y pacífico al mismo tiempo. Un año antes de subir, me habían diagnosticado diabetes tipo 2 y estaba recibiendo tratamiento con medicina homeopática combinada con el tratamiento de la medicina tradicional. No había ido al gimnasio diariamente ni entrenado, simplemente tuve la voluntad de subirlo.

Por la ciudad de Boquete son 13 kilómetros hacia arriba desde donde empezaríamos el recorrido, me indicó el guía Armando Rosas(@panamahiker), ya que por el pueblo de Volcán no es recomendable para principiantes. El primer kilómetro es muy empinado y sientes el poder del volcán en su máxima expresión. Habíamos acordado detenernos cada kilómetro para recuperarnos y llevar una marcha sostenida.

Me sentía con fuerzas y muy animado. Sin embargo, por la madrugada comenzó mi mente traer en la espesura de la noche mis peores demonios: no podrás, es imposible, no llegarás a tiempo, te voy a vencer”, y todos los golpes con sus mensajes que mi oponente interior podía darme. A pesar de llevar lámparas, no podíamos mirar más de dos metros de distancia, el camino es resquebrajado y el guía me daba confianza de seguir un camino seguro. Estaba combatiendo mis peores demonios, voces de todo tipo dentro de mi cabeza saboteaban mis fuerzas físicas. Me abrumaba el esfuerzo que exigía el Volcán pero mi desafío era interno. De pronto, caminando todo se calmó, dejé de luchar contra mi mente y una voz poderosa dentro de mi se hizo cargo de mis fuerzas físicas, mentales, emocionales y espirituales dándome la siguiente orden “solo vamos a enfocarnos en colocar un pie delante del otro despacio y por vez”.  Era una grandeza que me invadía, tan grande como el mismo Volcán y más. Muchos atletas con que he conversado durante sesiones de coaching, narran experiencias similares afirmando que sin importar sus condiciones físicas las condiciones mentales, emocionales y espirituales son las que al momento de la verdad determinan todo.

Luego de ese momento, puedo decir que el suelo del trillo por donde ascendía, los árboles, los cantos de las aves nocturnas, el frío viento que corría, la leve llovizna que envolvía todo el bosque eran uno conmigo y yo con ella. Cada alto que hacíamos para tomar agua y recargarnos volvía el silencio más penetrante y sanador. Lloré en la escalada, me reí como un niño, mis ojos recuperaron un frescor en su forma de mirar.

Cuando avistamos la cima finalmente casi al amanecer, nos preparamos para la última acometida de energías y fuerzas para llegar, sin embargo, ya era un gozo que me llenaba que me pareció interminable la bienaventuranza que sentí no solo de conquistar la cima sino de conquistarme a mi mismo. El descenso fue precioso pues se mostraron en todo su esplendor los árboles, las flores y el escabroso camino que habíamos logrado superar a oscuras.      

Vivimos tiempos donde nada está claro para la gran mayoría de nosotros. Los retos son de vida o muerte para toda la humanidad y la realidad como la conocíamos antes del coronavirus. Enfrentamos una cima empinada y desconocida a escala mundial.

Quisiera dejar algunas preguntas para este camino de ascenso que realizamos como tribu humana en este momento:

¿Qué significa para ti el momento actual?

¿De qué manera estás caminando el desafío de vivir cotidianamente la pandemia?

¿Cuáles son sus diálogos internos en el día a día?

¿Son las voces del hostigador interno, la víctima, el miedoso, el enojado las que dominan su diálogo o sus voces del valor, la paciencia, la calma y la sabiduría?

¿De qué manera se relaciona usted con esas voces: las rechaza, las niega, o las escucha para aprender y crecer por medio de su intención sabia y compasiva?  

¿Cuál puede ser el propósito que guíe nuestra voluntad de llegar a la cima de superar esta crisis?

¿Si tuviera que tomar la decisión de dar un paso a la vez en su vida cotidiana, qué paso le hace falta dar?

¿Cuál es el mensaje de sabiduría y compasión que quiere emerger en su vida que puede desarrollar usted para este momento?

 

“A veces solo toca enfocarse en colocar un pie delante del otro para poder avanzar, hacer lo básico aunque sea respirar profunda y conscientemente”.

 

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