¿Ser resiliente, reinventarse o evolucionar? Parte 2

¿Ser resiliente, reinventarse o evolucionar? Parte 2

El 5 de diciembre de 1995, papá tuvo una muerte fulminante a causa de un aneurisma cerebral, tenía solo 48 años y yo 21, todo fue repentino.

La noche en que ocurrió, acababa de salir de clases, estaba estudiando en la Universidad Santa María la Antigua, profesorado en religión, ética y moral. Cuando llegué al hospital, ya había muerto, tuvimos una breve despedida, a penas lloré, lo abracé y le di un beso con gratitud. Al llegar mi hermana y enterarse su llanto me metió un golpe en la cara, bloquié todas mis emociones, mamá, mi hermana y todos me necesitaban fuerte para consolarlos.

4 meses después solo fui invadido por un inmenso dolor y solté en llanto toda la noche, la emoción que negué salió por si misma. De hecho se me notó físicamente, subí de 140 a 180 libras. Me tragué el dolor por la muerte de mi papá para estar al frente de mi familia y apoyarla, al frente de los negocios y mis estudios. Lo dejé salir por varios días hasta recuperarme.

La lección de todo esto fue que descubrí que el dolor no se oculta, siempre nos hacemos daño si pretendemos no sentirlo, por más fuertes y racionales que parezcamos, debajo la ansiedad, la aceleración, la necesidad que viene del vacío interior que surge del dolor reprimido, solo lleva a desconectar con nosotros mismos como seres humanos vulnerables. Tenía que controlar la situación para que todo siguiera caminando como cuando papá estaba vivo, así que hice a un lado mis emociones para mantenerme en pie para mi familia y los nuevos retos.  

El dolor no tiene atajos, ni remedios, ni fórmulas, ni ritos, ni creencias, ni técnicas racionales, emocionales, espirituales, morales, físicas, sociales, culturales que logren retenerlo, negarlo, ni distraerlo. Las emociones son energía, no son ni buenas ni malas. Ahora aprendí a escuchar mi vulnerabilidad como maestra y amiga, ella es parte de mi mismo, la fortaleza humana verdadera no viene de negar el dolor sino de abrazarlo. Si niego mi emoción, andaré a tientas, me volveré obsesivo, controlador, manipulador, intolerante, deshonesto, por que no estoy honrando algo que forma parte intima de mi.

Estoy siendo cruel conmigo por que estoy negando una parte de lo que soy: mis emociones. Lo que me hace humano, no es solo mi razón, es también mi emocionalidad y mis sentimientos. Mi coach Clifford Wessel, me decía “el camino del ser es el camino del sentir, y el camino del sentir es el camino del Ser”.  La psicología Transpersonal y el Coaching Integral, proponen desarrollar el arte de presenciar nuestras emociones, des-identificandonos de ellas, no se manejan, no se les aplican estrategias, ni exorcismos, se les da la bienvenida en un abrazo amoroso y compasivo. La más intima conexión de nosotros con nuestro yo herido, victimizado, furioso, temeroso y vulnerable. Abrazar nuestra oscuridad, debilidad,  no es ser débiles, al integrarlas reconociéndolas como parte de nosotros mismos, usamos su energía creativamente.

Por lo tanto, debemos tener mucho cuidado con buscar atajos y salidas fáciles a los juicios sobre las emociones, a los miedos sobre ellas y especialmente los hombres, al cínismo con que las tratamos. Apartarnos de las emociones nos vuelve más débiles ante las adversidades, aunque no parezca. Integrándolas ganamos poder sobre nosotros mismos, así como con nuestras decisiones, haciéndolas más conscientes y menos atadas y prisioneras de la cárcel de nuestras proyecciones mentales.

Las emociones son maestras que nos abren hacia un viaje profundo hacia la autenticidad, la verdad, la belleza, la compasión y la libertad que viven en cada uno de nosotros.

Esta entrada tiene un comentario

  1. Rosa Algeny Pitty Morales

    Sí, cuantas veces luchamos contra nosotros mismos, contra el dolor, cuántas veces nos negamos.

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